UNA EXTRAÑA SENSACION

Escrito por Adriana Escalante

 

Un hombre solitario, caminaba hacia un bosque. Buscaba un refugio.

Con una bolsa sobre el hombro, caminaba lento como si llevara mucho peso.

Tal vez tanta frustración lo transformaba en un fantasma que nadie veía.

Cansado de una monotonía, su cuerpo había perdido el brillo de aquellos años de Impetuosidad y curiosidad; sin ganas de vivir y disfrutar.

Mientras se acercaba pensaba descansar bajo unos árboles, también había unos árboles se quedó observándolos.

sensacion2Su mente los hacía ver como si fueran unos gigantes secos. Petrificados.

Unas bestias que con el transcurrir del tiempo se convirtieron en un paisaje de sombras, de ramas negras, que el viento desgajaba como una maldición.

Quiso quemar unas hojas, hacer una pequeña hoguera para calentarse.

Pero el viento comenzó a soplar con más fuerza, parecía voltear los árboles.

Ya no quedaba tiempo, la tormenta se acercaba. Tomo sus cosas y comenzó a caminar. Tenía que buscar refugio.

Los relámpagos iluminaban sus pasos. De pronto divisó a lo lejos una casa.

Al llegar a aquella casa, se paró enfrente para ver si alguien la habitaba, no vio a nadie y decidió entrar.

Las telas de araña, se enredaron en sus cabellos al atravesar por la puerta.

El no temía a la oscuridad, ni a nada.

El viento seguía soplando.

Tendría que pasar la noche allí. En esa lúgubre casa, exiliada de la calidez humana. Quizás hospedaba algunas alimañas asustadas por la tormenta.

No se impresionaba con diminutas criaturas.

Mientras hacía fuego para calentarse.

Los peores recuerdos lo asaltaban.

Recordaba los días que pasó en aquella cárcel, donde habitaban las verdaderas ratas.

Entre dientes murmuraba – alimañas –

Sus manos se habían convertido en un par de hierros calientes indignos de tocar a alguien. Ajadas por el trabajo duro, heridas, sin recuerdos de caricias.

Por aquel acto que desgracio aún más su vida.

Matar al asesino de su esposa fue lo que lo llevo a estar preso.

Un maniático al volante le arrebató a su mujer. No espero dos veces y fue en busca de aquel tipo antes que la policía.

Con un cuchillo le desangro la vida.

Entre sus manos sólo estrechaba ese cuchillo, que se había quedado suspendido en el tiempo.

Tantos recuerdos en ese instante.

¡Maldita locura !, escenas que se repetían en su cabeza.

Así era su vida, sin tener a donde ir. Cometió asesinato en un estado de furia y le dieron cincuenta años ya no le quedaba nada.

¿Debería agradecer estar fuera? Se preguntaba a sí mismo.

Un piso sucio serviría para pasar la noche.

Comenzó a llover torrencialmente.

Se recostó sobre el piso de madera e intentaba dormir.

Entonces escucho que alguien caminaba por la habitación de al lado.

¡Ratas!  – se dijo – malditas ratas!

De repente sintió un aliento caliente detrás de él; justamente en su nuca.

Definitivamente no estaba solo.

Al darse la vuelta unos ojos rojos y brillantes lo observaban.

Una figura espantosa salió golpeando la puerta y desapareció.

 

De repente afuera se escuchaba unas voces.

 

– Corten! ¡Esa queda! ¡Seguiremos rodando mañana!

El director de la película estaba feliz porque la tormenta los había favorecido.

 

George sacudió su ropa. Esa escena la había practicado muchas veces.

-Será una gran película- le dijo el director  a George.

George sólo quería terminar la escena y regresar a casa.

Ya había cumplido sesenta años. Últimamente se sentía viejo y su amigo Michael era el director. Se acercó y le dijo – Se te nota muy cansado amigo, esta semana no rodaremos la película porque anuncian muy mal tiempo- dijo Michael.

George respondió -Aunque quería terminar cuanto antes con esas escenas, reconozco que los ensayos me agotaron.

Se dirigió a su camerino rodante

Llevaban un mes en aquellos lugares.

Una escena aquí otra en el pueblo.

Entre maquillaje y vestuario.

Se despojó de aquel personaje que le pesaba. Cuando se convirtió en ese verdadero George, pudo retrotraer sus verdaderos recuerdos y su personalidad.

Pues cada personaje que había interpretado se le quedaba un largo tiempo. Mirada, gestos, su manera de hablar. En este caso el de un viejo asesino.

Apago las luces, salió y se despidió de todos, haciendo un saludo con su mano. Encendió un cigarrillo y se dirigió a su automóvil.

Subió y emprendió la marcha.

Mientras manejaba hacia su casa, las luces se apagaban al avanzar.

Una extraña sensación lo acompañaba después de grabar las escenas de aquella película. Era lógico con tantas horas de filmación.

Estaciono y entró a su casa, las llaves de la casa se le resbalaron de las manos.

Cuando pudo abrir la puerta comenzó a sentirse muy cansado.

Fue al baño y no hacía más que mirar sus pupilas.

De pronto se recordó en aquel piso sucio tratando de dormir. Como si estuviera en el rodaje.

Entonces supo. Como un dėjá vu vio otra vez la misma escena.

Toda la vida soñó con ser actor, pero nunca se había dado cuenta que su mejor actuación estaría por verse.

Creía estar consciente pero un sueño mortal lo consumía. Lo sumergían en una pesadilla; vio aquellos ojos, sintió ese aliento caliente detrás, y le murmuraba al oído.

George gritó, pidió ayuda, pero nadie escuchaba. Fue un lapso de coherencia y otro de estremecimiento.

Algo estaba pasando.

¿Estaba soñando?  -pensaba George-

Últimamente no había dormido y sus ojos ya no querían abrirse.

¡Otra vez se escuchó – corten!

Despertó con dificultad y estaba en aquel piso sucio de la casa abandonada donde se filmaba aún.

El director noto que George no se movía.

Había dado la orden de cortar la película y esperaba a su amigo para felicitarlo por su actuación.

Pero George no reaccionaba.

Intentaban reanimarlo y nada.

Hasta que logró respirar.

Su corazón le jugó una mala pasada.

Por suerte todo estaba preparado por si alguien necesitase primeros auxilios. Había paramédicos detrás de escena.

Lo llevaron a un hospital hasta su recuperación total.

Pasaron los días y aun con el correr del tiempo se preguntaba que fue aquello.

La extraña sensación que cuando dormía sentía vivir, y cuando despertó sentía morir.

¿Era la muerte un sueño también?

¿O era la película de su vida?  que intentaba finalizar hasta su último aliento.

 

 

Adriana Escalante

IMAGINAERUM c o m p a n y

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Somos la compañia, de la imaginación.

Conozca al autor
Adriana Escalante Sra. Escritora y estudiante de idiomas, Nací en San Pablo ,Tucuman Argentina. Madre de tres hijos. Creció rodeada de una hermosa familia, su vida es una inspiración. Sus poemas tratan de diferentes situaciones de la vida. Pretende trasmitir un gran mensaje no dejar de sentirnos mas humanos y sobre todo amar. Escribe historias y le apasiona la naturaleza

Sobre El Autor

Escritora y estudiante de idiomas, Nací en San Pablo ,Tucuman Argentina. Madre de tres hijos. Creció rodeada de una hermosa familia, su vida es una inspiración. Sus poemas tratan de diferentes situaciones de la vida. Pretende trasmitir un gran mensaje no dejar de sentirnos mas humanos y sobre todo amar. Escribe historias y le apasiona la naturaleza

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