Autora:
Natalia Impaglione
La Pampa, Argentina

…Se incorporó del suelo con calma y frialdad, su rostro pálido carecía de emociones al igual que sus ojos y toda ella.
El viento le trajo un leve susurro a sus ahora agudos oídos, parecían palabras, palabras sueltas y sin sentido; las ignoró por un momento pero una de ellas resonaba en su cabeza como si la obligase a oírla. Luego la frase tomó forma, «resiste no cedas por favor», la voz le pareció conocida, allá, en un pequeño recoveco de su cabeza.

El susurro se iba haciendo más fuerte y gutural, sonaba como si viniese desde lo más profundo y oscuro del Purgatorio, allí, donde ni las almas más tristes y apenadas se atreverían a entrar.

De pronto, su corazón duro y frío como un pedregullo, comenzó a abrirse tal y como una flor ante la cálida luz del sol en una tarde de primavera.

Y entonces brilló, brilló como esa vez que él la vio en la sala de emergencia, cuando su alma le había hablado» recuérdalo para el final», le había dicho y así fue.

Parpadeo pero las emociones aun no llegaban a sus gélidos y azules ojos.
-No te preocupes mi amor- se dijo para sí misma- voy por ti, te salvaré y seremos salvados.

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