Ese tipo de hombre que sabe endulzarme la psiquis matando los razonamientos  que acampaban en la infinitud de mis pensamientos. El tipo de materia evolucionada que renunció al parámetro globalista y se expresó como un alma libre inspirada en los astros, se acercó hasta mi oído y me recitó varias veces un verso que desbordó la dopamina por todo mi organismo siniestro lleno de mentiras.

Donde sus palabras caían en el vacío y rebotaban tres veces su caída hasta engancharse en la entrada de mis poros, donde exudaba el miedo a no poder hablarle lo que mi alma quería. El verlo en silencio sin necesidad de que dijera nada, solamente exhalando su comodidad en mi compañía era suficiente motivo para saltar sobre su cuerpo y robarle un par de suspiros y lo dejaran sin aliento, o más bien yo diría que fue la pobre niña sola que se embriagó de sus palabras mientras él siquiera ni notaba la gravedad de lo que hacía, mientras su intelecto la tomó desprevenida le cazó el inconsciente y la tuvo soñándolo por tres noches seguidas…

Donde cada abrir de ojos era una negación a su efecto causado sobre ella, más su cuerpo reconocía que sentir su calor una vez más sabría mejor que todo el dulce licor enrolado entre su lengua…

Donde con simples canciones ese hombre empezó a robarse el interés, luego del tiempo la noción y por último la razón, en un punto intersecante en donde su aliento y el de él eran las únicas dos cosas que podían escucharse…

Y así, en ese bendito silencio sin necesidad de una sola palabra más, los trajines de un LO QUIERO acabaron ya su viaje desde el preconsciente hasta la composición química y envenenadora de las hormonas en su cuerpo. Fueron tantas las enzimas que la tomaron por el pelo, la llevaron a su boca y le succionaron las ganas de ser fuerte de nuevo, y fue ahí en donde la extraña criatura que nunca cupo en este mundo en el cual pasó ocultándose por muchos años tras una rama de inocencia, envuelta en una manta de fortaleza, desgarró su piel de papel y se hizo como niña, como débil rosa en medio del desierto.

Donde bastó dos y tres sorbos de sus besos para darse cuenta que no existía en este presente paralelo una droga más homicida que el sabor de sus labios y la suavidad de sus manos. Fue como una explosión de notas y figuras psicodélicas que delimitaban un cerco que nos envolvía a los dos, donde en medio del oscuro rededor los colores en tonos neón resplandecían en medio del ocaso entenebrecedor. Lo admito, no tuve miedo, no tuve cuidado ni precaución, no hubo un paraguas que me cubriera de aquella nube de ideas a punto de reventar sobre mi cabeza, era mi oído en tu pecho interpretando cuanto compás alcanzaba en el pentagrama de esta historia bizarra que ya tira a un musical, donde no son necesarias las bailarinas o los músicos cuando tu ritmo se sacude en mi cabeza como maraca caribeña en un festival de folklor, donde la métrica se pierde en tus ojos de diamante y tus labios tan calientes como el sol.

¿Qué le hiciste a mi intelecto?, te pregunto, ¿qué le hiciste a mi palabra de hierro?, cuando mis planes eran huir tras la nada, me tomaste por la cadera y me invitaste a bailar una última canción y en tu lecho a develar los impulsos de tu corazón. ¿Cómo fuiste tan valiente de correr tras las viejas sombras de un silencio evidente en el negro de mis ojos? O aún más bien, entregarte a la palidez de mi piel sin siquiera preocuparte por medir las consecuencias de tan alocada idea de correr tras el «no sé». ¿Cómo fuiste tan valiente de renunciar a la razón y converger con mi ilusión recostado sobre espinas y pétalos de girasol? No conlleva relación el dolor con la belleza, no se compatibilizan en el mundo real, pero hay una galaxia ideal, paralela a la mundana que se desarma entre mis manos en donde vos sos mío y yo te pertenezco.

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Génesis Hernandez Camacho Srita Me autodescribo como una melómana. La música es la mejor musa. "La música me busca, yo la hago mía, nos conocemos bien y somos amigas"

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