“De la cascada caía el agua, recorriendo el camino que ella misma había forjado con fuerza y fe en la causa,
camino que de a poco se perdía de mi mirada. Una mirada que desvelaba cierta nostalgia,
de aquellas que solo se encuentran en nuestros ojos.

He de aclarar que llamó cascada al chorro de agua que baja de la montaña,
luego de ser exiliada de los cielos, pero que de niño imaginaba que lo era,
siendo esta testigo de muchos juegos, regaños de mamá por mojar mis atuendos,
primeros amores y de vez en cuando mi pañuelo de lágrimas.

Con mis ojos llenos de nostalgia, repito, observaba como el chorro de agua o cascada se iba,
pasando por medio de pies arrastrando piedras, escombros y por alguna razón,
la que fuese, locura, subconsciente, incoherencia, deseos reprimidos, el recuerdo de ella,
quizá por que entró en mi con la misma fuerza y fe,
tal vez por que desde niño la espere o quizá por que por su propio camino partiría,
el agua de mi cascada, me hacia pensar en ella …”

Julian Riaño
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