DAVE M.L. MARTINS
Argentina

Sumemos caricias, a los catetos adyacentes, de nuestros cuerpos, envueltos, en llamas.
Dividamos, a lo lejos, la infinitud del universo, para albergar en nuestros labios, geometrías imaginarias, los números reales, de tu exquisita figura de sirena, las curvilíneas melodías, de las almibaradas cayenas, de tus besos.
Resté importancia, a la nefasta fiebre, de las habladurías. Sumemos lluvia de estrellas, a este apasionado aquelarre numérico, de nuestras fantasías más psicodélicas.
Bebamos, el semicírculo, de un corazón, de dulce de leche, la celestial cosmogonía, de un huracán, de soles nuevos, de curvas inexistentes, de perpendiculares lunas, de fuego, haciendo estallar, mis sueños.
¿Sabes qué, amada mía?
¡Dejémonos, de medidas!
¡Amémonos, hasta el más feroz desconcierto!
¡Hasta, que el tibio brillo, de la aurora, extinga las llamas del cielo.
Ámame, hasta el delirio, aunque suene, muy meloso, tragicómico, romántico, y estrellémonos en la magia, del galáctico perfume, de los números, esa crepuscular lagrimita azul, de nuestro cósmico corazón matemático.

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