Alexandra Morado

En un día como hoy, te volví a llorar. Un día cruelmente frio con un tenue y simple cielo blanco decorado con unos cirros tan finos, que los sentí desvanecerse lenta y progresivamente. Mi cuerpo tembloroso, recostado sobre el pasto seco yacía sin energía. Mis ojos perdidos en el tiempo, observaban nuestras memorias, tan solo unos cuantos recuerdos de felicidad que contaban como miles cada uno y los muchos y muy tristes recuerdos que los conté como ninguno.

Si tan solo pasaras cerca de aquí y vieras mi figura tendida, te darías cuenta de que has dejado un cuerpo vacío y frágil. Estoy consciente de que ni aun viéndome avanzar hacia un mar embravecido, me detendrías; si no me detuviste de enamorarme de ti no existe un peor mal del que me puedas salvar.

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