Ahora vivimos en una era de conectividad, donde la información llega virtualmente inmediata y constantemente hasta nuestras palmas de forma casi caótica. Ya sea que esta evolución natural del entorno virtual afecte nuestras vidas de formas positivas o negativas, es innegable que su avance es prácticamente imparable. El progreso del consumo de servicios en línea ahora va de la mano con el progreso humano y el internet se va convirtiendo cada vez más en un servicio tan esencial como la energía eléctrica.

En un contexto nacional donde a mediados del año pasado se registraban aproximadamente 1.5 teléfonos celulares por persona y donde prácticamente todas las personas que portan un teléfono celular poseen una conexión de internet en algún ancho de banda particular según las características del proveedor de servicios que tenga contratado y sus propias necesidades, vemos como esta espiral tecnológica toma distintas direcciones y va abarcando cada vez más campos de nuestras vidas integrándose como una raíz que lentamente se adentra más profundamente a nuestra rutina diaria.
De la misma manera en la que la energía eléctrica se ha vuelto imprescindible para las labores domésticas, industriales, de servicio y de entretenimiento, el internet se ha consolidado como otro elemento clave.

El internet de las cosas es la tendencia de interconectar a internet dispositivos que originalmente no estaban pensados para dicho propósito. Por domo2ejemplo, hace diez años era impensable que un televisor se conectara a internet para proveer servicios de entretenimiento, mucho menos para consultar en las redes sociales de su propietario para considerar sus gustos a la hora de sugerir opciones de transmisión. Así como ahora existen televisores inteligentes vemos como otros dispositivos lentamente van engrosando la lista de los que tienen conexión a internet. Podemos ver como desde refrigeradores hasta lavadoras pueden conectarse a internet con distintas opciones para ser desde operadas a distancia hasta para mostrar estadísticas, estado de operación y funciones a uno o más usuarios de forma remota.

 

El internet de las cosas nos va acercando lentamente a hogares más inteligentes, redes de dispositivos que funcionan de manera encadenada para hacer más simple la vida de sus propietarios. Pareciera ciencia ficción pero es más un acercamiento a la domótica que otra cosa. Para los que no están familiarizados con el término, la domótica es la aplicación de sistemas automatizados que permiten agregar características a la vida de los habitantes del domicilio como comodidades y mejoras en el alcance de la eficiencia energética.

De esta manera un hogar conectado por medio del IoT por sus siglas en inglés (Internet of Things) nos puede acercar un poco más a la meta de reducir nuestra huella de carbono. Una aplicación domótica es por ejemplo la gestión del consumo energético de los hogares, de manera que se inicien las luces en función de la hora o del nivel de intensidad de la luz, puede controlarse el uso de energía eléctrica en función de la actividad y desconectarse tomacorrientes de manera remota mediante una aplicación en línea.

Otra implementación domótica para el IoT es la gestión del recurso hídrico, el sistema podría gestionar las cantidades de agua que se utilizan, mostrar estadísticas, reciclar aguas grises para otros usos como por ejemplo usar agua filtrada del fregadero de la cocina y el baño para regar plantas en el exterior o incluso para alimentar el servicio sanitario.

En definitiva, el IoT y la domótica podrían representar, a la larga y como todo, grandes riesgos para la seguridad y privacidad de sus usuarios, pero es también innegable que representaría un cambio drástico para la vida y una mejora sustancial en el manejo de los recursos naturales.

A fin de cuentas en nuestra realidad nacional existen varios proveedores que permiten la implementación de sistemas domóticos para nuestros hogares, con diferentes niveles de sofisticación, interconexión y precios. Sin embargo para los curiosos que tienen tiempo y hambre de aprender un poco acerca del IoT, tengan desarrollado su sentido conservacionista del medio ambiente o quieran un hobbie entretenido y con propósito, los invito a explorar las opciones que representa la implementación de sistemas domóticos para sus hogares hechos por ustedes mismos.

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Es verdad que es necesario un cierto nivel de conocimiento de electrónica e informática para automatizar un entorno, pero ahora existen alternativas que reducen bastante esta brecha. Existen alternativas en el mercado como los Arduino y los Raspberry Pi que permiten la automatización de procesos en la vida cotidiana de una manera menos compleja. No digo que sea como hornear galletas pero puede llegar a ser una alternativa más asequible para muchos que empezar a crear sus propias tablas de circuitos, aunque esto último nunca deja de ser entretenido.

Los menos exigentes pueden empezar con grifos automáticos que abran y cierren el torrente en función de la presencia humana y luces que enciendan con el mismo factor. Aunque ahí siguen existiendo ciertas carencias lógicas como el control del encendido en función de la hora y el control de seguridad para casos de incendio o inundación por falla de las tuberías domésticas.

Al final la recompensa puede llegar desde la satisfacción de implementar algún nivel de automatización en sus vidas hasta la satisfacción de estar ayudando al medio ambiente y a su propio bolsillo reduciendo el consumo de electricidad o incluso de agua.

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Jherom Chacón Vega Ing Ingeniero en sistemas y Docente. Analista de sistemas y desarrollador de software. Geek, maker y tecnólogo apasionado.

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Ingeniero en sistemas y Docente. Analista de sistemas y desarrollador de software. Geek, maker y tecnólogo apasionado.

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