“Uno no nace para ser feliz sino para admirar el mundo”.

El odio, la tiranía y el machismo: los tres pilares de la desgracia. Sin duda, en la vida nos encontraremos con múltiples factores que afectaran lo que somos, este mundo es incierto, estamos rodeados de las peores pesadillas que atenacen esta sociedad, somos vulnerables a todos los cambios que nos ofrezcan pero… ¿podemos ver desde otro punto de vista lo que nos ofrece el mundo? No estamos ajenos a sufrir desgracias, todos en algún momento de nuestra existencia las tendremos, creemos que la vida tiende a ser perfecta cuando todo marcha bien; cuando se tiene un buen trabajo o una buena familia y buenas metas que cumplir; pero no, no estamos exentos de nada, somos la raza más débil que puede existir, razonamos pero usamos sentimientos y eso nos hace débiles frente a todo. ¿Somos felices? No lo somos, ya que la felicidad no existe, nuestro cerebro fue hecho para estar vivos, no felices. Sócrates, sin las bases científicas, lo sabía: “El hombre no puede alcanzar la felicidad perfecta en la vida presente, aunque sí puede conseguir una felicidad imperfecta y relativa”, dijo hace siglos y está muy cerca de lo que se discute en la actualidad, en términos científicos. Existe la alegría y de eso no cabe duda, ya que la felicidad tendría que ser por siempre pero no lo es, francamente somos seres alegres, disfrutamos los momentos en un tiempo determinado pero volvemos a nuestra realidad en un santiamén ¿o no es así? a esto me interesa llegar, al hombre como el ser imperfecto, lo dañino que es, romper las falsas expectativas que se han plateado durante millones de años y analizar los límites que pueden alcanzar los sentimientos adormecidos del hombre cuando ya todo se encuentra perdido…

La felicidad esta tan lejos de las posibilidades humanas que hay quienes creen que es una utopía propia de la imaginación. Estamos en un mundo colmado de maldad, buscamos refugiarnos, pero no podemos, a menudo la vida tiende a mostrarnos su lado desagradable y cruel, tan sólo la imaginación nos muestra un mundo diferente, tenemos el placer de sentirnos libres y menos humanos con ella, volamos de la mano de la imaginación, dejando atrás una sociedad que transpira maldad, incertidumbre, desdichas y traiciones.

El odio impulsa todo aquello que daña y degrada al ser humano, es un virus, nos invade, infecta y para colmo se multiplica en otros. La vida es un camino extraño, nunca sabemos hasta donde nos puede llevar, los sentimientos manipulan lo que somos, nos obligan a pensar de una forma insensata y nefasta, y lo peor de todo, es que el sentimiento que mueve el mundo es el odio, sin él no habría un mundo que contar, la historia lo dice y nosotros somos las marionetas que lo alimentan.

¿De qué sirve la tiranía? Estamos enfrascados en una botella que naufraga en el mar. Somos manipulados, lo sabemos, pero callamos, la sociedad está construida sobre unas bases que dan mucho que decir, nos rompen los sueños, nos obligan a pensar como quieren y lo peor de todo, somos sumisos a esos ideales; el mundo está mal hecho y de eso no cabe duda, nos educaron para volvernos idiotas en un mundo inminente, espeluznante y hermoso, así como cuando se muestra por primera vez ante nosotros. La avaricia junto con el poder son una barbarie que asombrarían hasta a la persona más nefelibata de la tierra.

Es cada vez más notable la presencia de un modelo degradante y absoluto de compatriota promedio empalagado de aquel machismo ridículo, lo cual nos lleva a vivir aún en épocas medievales, a este hombre, sin problema podemos encontrarlo en cualquier hogar de nuestro país; vemos todos los días su hijueputísima cara, su intelecto lo basa en lo que ve en televisión, jamás se le pasa por la cabeza saber si es verdad lo que dicen y ni siquiera actúa acorde al hombre “moderno”. Este hombre maltrata, ultraja y jode como ningún otro ser en este mundo, cunde de ignorancia y avaricia a quienes viven con él, nada le parece bueno, todo es dinero y placer, sin importar las condiciones en que se consiga, sin duda este es el “viejo marica” que tapuja y obstruye sueños aún por concebir.

“Cuando llega la alegría, lo hace sin ton ni son y porque le dio la gana” lo dice Tomás González en su magnífico libro “Temporal” y cuánta razón tiene este hombre, no estamos en este mundo para tener la cara placentera ni mucho menos, estamos aquí en medio del universo, hechos para vivir, para sentir, para contemplar lo que nos rodea, tristemente nos volvimos esclavos del sistema, nos han hecho ver que nuestra vida no vale nada, que hay que producir para vivir, que nada sería perfecto sin el consumismo que nos rodea, nosotros somos la peor raza que le ha tocado a este mundo, lo podemos ver en la envidia del hombre con la naturaleza, o acaso, no se han preguntado: ¿por qué el hombre la destruye? Pues la respuesta está alrededor de nosotros, es porque siente envidia de ver esa hermosa magia que lo rodea, ¿y saben qué hace? Pues intenta ganar el primer puesto; dañando, quemando y llenando de cemento su entorno, esto no es evolución, es destrucción, ya no pensamos como se debe, toda esta facilidad ha sido hecha para volvernos idiotas y mediocres, seres inertes y de papel, en eso nos volvimos. No somos felices ni lo seremos ya que la desgracia nos atenace, esto es una tragedia griega, el oráculo es nuestra conciencia y sabemos que las cosas están mal en este mundo, es momento de salir de este estado mecanicista adormecido en que estamos, para así educarnos y colmar de mejora todo lo que pasa frente a nosotros, volviendo extraordinario lo natural y natural lo extraordinario, disipando el caos y embelleciendo lo feo. Quiero concluir mi texto diciendo: “hay que esperar que el presente fluya y que el futuro nos destruya”. ¿Aún eres feliz?…

Wilson Villamil
Bogotá, Colombia

“Este es un ensayo hecho sobre el libro Temporal de Tomás González, escritor Colombiano”

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Wilson Villamil Sr Mi vida esta en una constante reconciliación entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la forma y el caos. Por eso al escribir se despliega ante mi un mundo en el cual nada esta perdido.

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Mi vida esta en una constante reconciliación entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la forma y el caos. Por eso al escribir se despliega ante mi un mundo en el cual nada esta perdido.

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