Autor: Brenda Moloney

Qué sucede cuando a los monstruos más profundos del alma humana, se les permite salir libremente?

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Cuando a las mentes sádicas y retorcidas se las trata con respeto y se les da libre albedrío…

Pocas son las veces en que la sociedad se desmorona hasta tal punto de perdición de la moral. Mucho se ha dicho de las torturas más conocidas mundialmente en el siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial. El monstruo, que se hacía pasar por humano, más conocido popularmente en nuestro tiempo fue Adolf Hitler. Miles de documentales y películas le fueron dedicadas, a tal punto, que varios de los torturadores de la historia fueron olvidados por el público general.

Pero…

¿Qué dirías si te dijera que hubo peores torturas que las del campo de concentración?

Que hubo verdaderos demonios rondando en la tierra en otro lado del mundo. Avalados por un gobierno, financiados por un pueblo entero que no sabía nada, y todo en nombre de la ciencia…

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El lugar elegido fue Harbin, Manchukuo (China ocupada por Japón) donde un proyecto médico especial con el nombre clave de ‘Maruta’, utilizó a seres humanos para hacer experimentos. Para los civiles era módulo de purificación de agua, pero dentro de las instalaciones se desataba un infierno.

Creado en 1932 por el Teniente General Shiro Ishii, ocupaba seis kilómetros cuadrados y consistía en más de 150 edificios. Las instalaciones fueron muy bien diseñadas, siendo difíciles de destruir. Poseía seis para producir sustancias químicas y alrededor de 1800 contenedores para producir agentes biológicos. ¡30 kilogramos del bacilo de la peste bubónica se producían por semana!

Pero lo más terrible e inhumano que se produjo allí fueron los experimentos humanos…

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Empezando por la vivisección fueron realizadas a prisioneros infectados con diversas enfermedades. Los científicos realizaban cirugía invasiva, eliminando órganos para estudiar los efectos de la enfermedad sobre el cuerpo humano. Practicadas mientras los pacientes estaban vivos, porque se creía que el proceso de descomposición afectaría los resultados. Las extremidades de los prisioneros eran amputadas para estudiar la pérdida de sangre. Estos miembros quitados fueron algunas veces vueltos a unir del lado contrario del cuerpo.

También fueron probadas armas biológicas, los prisioneros eran inyectados y contaminados con agentes patógenos, para estudiar sus efectos. Para investigar las repercusiones de enfermedades de transmisión sexual sin tratamiento, prisioneros masculinos y femeninos fueron deliberadamente infectados con sífilis y gonorrea, para ser estudiados. El Escuadrón 731 sobrepaso la fase de “prueba” de armas biológicas y llevaron a cabo ataques biológicos en contra del pueblo chino. Pulgas infectadas de peste fueron criadas en las instalaciones, siendo diseminadas por aviones sobre localidades chinas. Este rociado aero-militar resultó en epidemias humanas de peste bubónica que mató a miles de civiles chinos.

Miles fueron las pruebas sobre humanos algunos colgados cabeza abajo para observar en cuanto tiempo se asfixiaban. A otros les inyectaban aire en las arterias para determinar el tiempo que tardaban en mostrar los síntomas de una embolia.

Fueron privados de alimentos, agua y sueño para precisar la duración de tiempo hasta la muerte. Expuestos a temperaturas extremas para analizar cuánto duraba el cuerpo humano con tal tormento, además de determinar los efectos de la putrefacción y la gangrena. Otros fueron puestos dentro de centrífugas, haciéndolos girar hasta morir.

También se inyectó agua de mar para determinar si podía servir como sustituto de la solución salina.

 

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Como vemos no sólo crímenes tan terribles son hechos de película de terror. Sino que fueron reales y forman parte de la historia de la humanidad. De tales atrocidades sólo cabe esperar una cosa, que no se repitan jamás…

 

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