“Me escondía tras la puerta, jugábamos como dos niños. Nunca supo aprender a caminar sin que el ruido de sus pasos la delataran y esto hacia que mi fuga fuese un hecho. Recuerdo que aquella tarde lluvia de forma torrencial y el sonido del agua golpeando el tejado, que muchas veces era orquesta y excusa para conciliar el sueño, no me permitió prever que tras mi espalda llegaba …”

Festejaba dando saltos, gritando y sonriendo de manera muy contagiosa, extendía sus brazos cubriéndome con ellos, entonces lo que antes era fiesta, ahora, era silencio. Silencio hermoso que permitía escuchar su corazón agitado y la voz de sus sentimientos hablar, era ese abrazo el único capaz de domar mis impulsos, creyendo que la tranquilidad existe o que esta se asemeja bastante a estarlo. Solo bastaba ese abrazo para estar en paz

Julian Riaño
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