Natalia Impaglione

He vivido una vida tranquila, crié a mis hijos, disfruté a mis nietos y aunque ya hacía tiempo que mi amor había partido aún sentía su tibieza en el costado de la cama. Así que no tengo grandes memorias que dejar. No fui aventurera y para ser sincera a nadie le interesan las historias de una vieja ya casi sin recuerdos. Pero esta, la que voy a contar, es digna de escucharse

Cuando mi esposo partió, mis días transcurrían sentada en el ventanal de mi comedor, esta daba a la vereda y justo a la ventana de la casa de enfrente. Correspondía a la habitación de Joaquín. Joaquín era un niño que quedó inválido luego de un accidente de tránsito. Generalmente cruzábamos miradas de tristeza y suspirábamos al unísono, el miraba como los otros niños jugaban a la pelota y yo…yo a la nada.

Esto es lo que recuerdo…

-Vamos Joaquín se hace tarde.

-Hoy no tengo ganas mamá- respondió

-Tenemos que ir, ponle voluntad hijo.

-Ya no quiero ir mas- susurró por lo bajo.

Su madre subió a la habitación y con apuro vistió a su hijo, sabía que llegaban tarde a la rehabilitación y eso no estaba bien.

Esa era su rutina diaria escuela y médicos, que en el fondo sabían que  Joaquín no volvería a caminar…pero había que intentarlo.

Luego, ya en su casa volvía a la ventana. Muy de vez en cuando se escuchaba un sonido, las teclas de un piano tocado sin ganas.

Una noche, como todas las demás, su papa acostó a Joaquín, lo tapó bien y le dio un beso en la frente, esa era su costumbre desde bebe, siempre un beso en la frente. Su madre, al contrario, lo despedía con un buenas noches hijo” ella jamás se perdonó por el accidente, aunque no manejaba esa mañana mandó al niño en un remis a la escuela, no podía llevarlo tenía que trabajar. “¿Por qué?” se preguntaba cada día de su vida.

piano2

La noche transcurrió normal, Joaquín no era de sueño fácil y le gustaba soñar despierto, pero algo lo sacó de su ensueño…

-Hey, hola- una vocecilla se escuchó en el silencio total. Joaquín se quedó inmóvil.

-Hey a ti te hablo, mírame- el niño se sentó en la cama y observó desconfiado en la oscuridad de la habitación. Prendió el velador y no vio nada. “será mi imaginación” pensó.

Se acostó nuevamente.

-¿No vas a prestarme atención? Eso está muy mal- la voz insistía

-¿Quién eres, que quieres?-dijo Joaquín asustado.

-No temas, soy tu piano y quiero que me toques.

-No puedo, estoy inválido, no me es posible salir de esta cama sin ayuda.

-Pues no te creo- Joaquín abrió los ojos como platos, su piano le estaba hablando.

-Bueno, lo siento, pero así son las cosas, mañana te tocaré…si tengo ganas- respondió

-Mis ganas están ahora y quiero que te levantes.

-¡Ya te dije que no puedo!- gritó

Su madre corrió a la habitación y vio a su hijo romper en llanto.

-¿Qué pasa?

-Nada mamá, solo fue un mal sueño, ve a la cama- su madre volvió a acomodarlo y con cuidado salió del cuarto.

-Cobarde- la vocecilla fina como una campana, estaba retando a Joaquín. El hizo caso omiso y se durmió.

El día siguiente transcurrió igual a todos los demás. Pero el niño tenía una sensación extraña, quería que llegue la noche.

-No me has tocado hoy- nuevamente la voz

-No, ni lo haré, así que ya no me hables.

-No mientas, esperabas con ansias la noche- Joaquín se sorprendió

-¿Cómo lo sabes?-preguntó asombrado

-Yo sé muchas cosas. Y quiero que me toques.

Joaquín sabía que no podía hacerlo, pero ante la insistencia de esa voz tomó coraje, se sentó en la cama y ayudado por sus manos acomodó las piernas en el borde. Respiró profundo y se largó.

Como resultado obtuvo una caída. Rogó que nadie lo haya escuchado y así nadie se presentó. Arrastrándose llegó a la cama y con todo el esfuerzo de sus brazos subió a ella.

-Lo ves, estás conforme, no puedo.

-Inténtalo una vez más- le respondieron

-No ¿Qué quieres de mí?- dijo entre lágrimas.

– Por favor.

Nuevamente repitió el proceso, cayó al piso poniendo sus manos para no hacer ruido y con mucho esfuerzo se acercó al piano. Subió como pudo al asiento y abrió la tapa.

Tocó una melodía triste.

-Toca algo alegre- le susurró la voz que él creía provenía del instrumento.

-Despertaré a mis padres- dijo

-¿Y qué?-le contestó- llegaste hasta aquí, toca algo alegre- repitió

El niño practicó un tono mejor.

-Eso, eso sí me gusta.

Los padres de Joaquín saltaron de la cama al escuchar el sonido del piano y corrieron a la habitación. Emocionados abrazaron a Joaquín quien no podía entender que era lo que en realidad ocurría.

Y así noche tras noche el niño y la voz, primero se arrastraba ayudado por los brazos, luego las piernas comenzaron a moverse. Ya la rehabilitación no era un trabajo engorroso para él, pero siempre esperaba la noche para hablar con su amigo el piano, aunque le llamaba la atención que la voz sonara como de una chica, no prestaba mucha atención a eso. Sus padres lloraban de alegría en el silencio de su cuarto mientras escuchaban a su hijo tocar.

-Hoy vas a pararte y trataras de llegar al piano- fue casi una orden.

-¡Que, ni los médicos han logado eso!

-¿Médicos?, yo no soy médicos- respondió la voz

-¿Y que eres?- no obtuvo respuesta

-Vamos Joaquín, inténtalo.

Y así lo hizo, con un brazo llevaba una pierna y luego con el otro la otra pierna. Sin darse cuenta estaba empezando a dar sus primeros pasos.

Noche tras noche sus padres observaban maravillados lo que su hijo, casi desahuciado, iba logrando sin ninguna explicación, ello no oían la voz.

Al tiempo Joaquín ya caminaba con dificultad y cada vez tocaba con más alegría a su amigo que lo estaba sacando adelante.

Pero un crepúsculo, no escuchó la voz.

-¿Ya no estás, me abandonas ahora que he logrado esto?

El susurro fue más suave y tierno que nunca.

-Yo no puedo abandonarte, soy parte de ti.

-No eres parte de mi eres un instrumento, un mueble- contestó el chico.

-No Joaquín, soy tu voluntad, vivo en ti, lo he hecho todos estos años. Solo que noté que me estabas perdiendo y quise recordarte que existo y que eres capaz de lograr todo lo que te propongas conmigo.

 

Lo último que supe de él antes de dejar este mundo, fue que logró jugar a la pelota con los niños del barrio. Ya no compartíamos suspiros de desesperanza pues él la había recuperado y yo en cierta forma también. Sabía que me iba y que estaría con mi amado esposo y lo hacía en paz. Reconfortada por Joaquín y su voluntad.

¿Qué cómo se todo esto? Creyendo, solo creyendo.

 

IMAGINAERUM c o m p a n y

Somos la compañia, de la imaginación.

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