“No acabamos de entender por qué hay algo en nosotros cada vez más insatisfecho”

William Ospina “El canto de las sirenas”

¿Dónde está nuestra inteligencia? Parece mentira, pero nosotros, la raza dominante de este planeta, la que sabe todo gracias a su buen razonamiento como lo dirían los grandes filósofos, perdió aquello que en épocas inmemoriales los primeros seres humanos forjaron, la esencia, aquello que nos hace diferentes de las demás especies, ya que nosotros pensamos, razonamos, creamos, tenemos sentimientos, creencias, mitos, concepciones del mundo, lo cual da como resultado aquella esfera de la espiritualidad humana.

Estamos en un mundo poco natural donde nos vale menos todo, con aquel consumismo fatal que empaña aquella bondad que se oculta en nuestro interior; somos manipulados por la  publicidad, ya que ella es quien se lleva aquel crédito maligno, con sus falsas y estúpidas palabras, mostrando al ser humano como algo inferior, sin rumbo y sin más alternativas que seguir en aquel circulo vicioso que ella ha creado. “Mientras para nosotros, los consumidores descontrolados, es necesario consumir menos, para más de 1000 millones de las personas más pobres del mundo aumentar su consumo es cuestión de vida o muerte y un derecho básico” (Gordmier, 1999).

Muchos años han pasado y no adaptamos en nosotros aquel cambio que el mundo necesita, disfrutando más y consumiendo menos, el rumbo que tomó la vida cotidiana de una persona está fuera de contexto, nacer para estudiar, buscar un trabajo, endeudarnos, pagar facturas y morir, a eso no se le puede llamar vida ¿saben por qué? Porque el universo tiende a ser infinito y es totalmente lógico que nosotros no nacimos para hacer lo que hacemos diariamente, que es, desperdiciar cada segundo que tenemos de vida, nos enfrascamos en una ambición y un conformismo absurdo, “la vida está mal hecha” como lo diría Mario Vargas Llosa el día que recibió su Nobel (Discurso, 2010) y de eso nos damos cuenta ahora.

La historia cuenta que desde el siglo XVIII A.C. se registran los primeros préstamos de dinero en Babilonia, con ello nació el gran auge del endeudamiento; en nuestro país por ejemplo existe el Banco Popular ¡qué ironía! ¿Qué banco es popular? Francamente ninguno lo es, todos son tan herméticos que quienes entran en ellos muy pocas veces salen bien librados. “El sistema productivo, convertido en sistema financiero, multiplica a los deudores para multiplicar a los consumidores” (Galeano, Patas Arriba, La Escuela Del Mundo Al Revés, 1998, p. 143). Y así es en el mundo entero, la economía crece gracias a los incontables deudores. Es una locura pensar que estamos en un paraíso terrenal ya que nada de esto tiene cara de paraíso, nos martirizamos día y noche para obtener el cáncer que carcome a esta sociedad, el dinero, es el que manipula y hace que el ser humano muestre su instinto de animal y esclavo, tan solo, por obtenerlo.

No obstante, la sociedad en la que vivimos es una sociedad llena de falacias, donde se cree tener todo pero no se tiene nada, muchos muestran sus lujosos dispositivos móviles y sus hermosos carros pero al llegar a casa, encontrar sus facturas y al abrir su nevera se sientan a llorar,  sin darse cuenta que todo es desechable “La cultura de consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso inmediato” (Galeano, 1998, Patas Arriba, La Escuela Del Mundo Al Revés, p. 152). Las apariencias tienden a engañar, así como a muchos les ha pasado, creen ser lo dueños del mundo cuando realmente el mundo es dueño de ellos. Por otra parte esta civilización es un virus, nace, crece y se multiplica, el amor hacia nosotros mismo se a marchitado, el consumo es el ocaso del amor hacia la vida y los animales, nos obligan a comer lo que ellos quiere; en primer lugar, un pan, en segundo lugar, un pedazo de carne molida acompañado de lechuga con cebollas e incontables salsas, y en tercer lugar otro pan y como grandioso acompañante para beber, un líquido efervescente de color negro, este es el mundo de lo absurdo, se come y se fuma para morir pronto, cuando lo que se quiere es vivir mucho.

Entre tanto, estamos colmados de las tiranías que esta sociedad nos está dando, William Ospina dice: “El instrumento principal de este culto es la publicidad, que cotidianamente nos vende una idea del mundo de la cual tienden a estar excluidos todos los elementos negativos, peligrosos o inquietantes de la realidad… donde nadie envejece  jamás si usa la crema conveniente, donde nadie engorda si toma la bebida que debe, donde nadie está solo si compra los perfumes o cigarrillos o autos que se le recomiendan, donde nadie muere si consume bien” (Es tarde para el hombre, 1994, p. 57). La principal característica que diferencia al consumo de masas tal y como lo conocemos hoy del consumo tradicional en otras épocas de la historia, es el objetivo que motiva a las personas a consumir. Si antes se consumía para cubrir necesidades básicas (comprar comida, ropa…), actualmente la mayor parte de la actividad consumista tiene como objetivo satisfacer los deseos de los consumidores, que consideran necesarios los bienes que demandan. Es una rutina para nosotros, todo tiende a ser manipulado por la publicidad, vemos que un futbolista usa una camisa y tenemos que conseguirla, porque creemos que con ello vendrá la fama, la ignorancia nos atenace y deberíamos temerle por las pesadillas que provoca.

En muchas ocasiones uno se despierta con la ambición de por lo menos ver un mundo diferente, sin tanta indiferencia, pero lastimosamente, se ignora más y con ello la vida se acaba rápido, queda más que reflejado que vivir es consumir, hoy en día el sistema económico pone al alcance de todos  todo tipo de bienes y productos, desde lo más básico, hasta lo más extraño, pero encontramos  algo muy raro en todo este gran auge del consumismo y publicidad; notamos que con ellos se mueve un sentimiento que nos adormece a todos, un sentimiento que muchos dicen que es inexistente  “la felicidad” cuando se compra lo último del mercado notamos que el interior se siente satisfecho, pero yo no lo defino como felicidad, porque no lo es, diría más bien que es alegría ya que la felicidad tendría que ser por siempre pero no lo es, en cambio la alegría tiende a ser momentánea, esto ya es una enfermedad, ¿hasta qué punto necesitamos lo que compramos? Realmente ese es el gran problema, compramos para mostrarnos y parecer de mejor clase, pero sabemos que somos malvados y destructivos, nos encerramos en la rutina de querer más y más pero realmente ¿eso para qué sirve? Para nada, no estamos exentos de morir y por ello queremos cumplir lo sueños que jamás cumplimos, dice que esto es una obsolescencia programada: Comprar, consumir y seguir consumiendo. Con aquel mecanicismo glorioso y esa mortificadora ambición que todos tenemos y de eso no cabe duda, destruimos pero no nos importa.  “Baste señalar que los 20 países más ricos del mundo han consumido en este siglo más naturaleza, es decir, más materia prima y recursos energéticos no renovables, que toda la humanidad a lo largo de su historia y prehistoria”. (Vilches y Gil, 2003).

Pero aún no acaba esto, tenemos que hablar de la cajita plástica esa con pantalla que tiene al mundo bajo sus pies, manipula a personas que aún viven en aquella edad media tardía y parece que la vida fuese perfecta, nos muestra lo que es conveniente y lo demás es fantasmal. “Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los oídos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado”. (Galeano,  1998, Patas Arriba, La Escuela Del Mundo Al Revés.  p. 154).

Finalmente, vemos que todo lo que mueve al mundo no es más que la codicia del ser humano por aparentar ser mejor, nunca esteremos ajenos a consumir, ya es costumbre como lo es un himno en un país. Con el consumo de masas desenfrenado se avanza hacia una progresiva pérdida de identidad personal, ya que los ciudadanos (que en realidad ya no son ‘personas’, sino ‘consumidores’) responden ante modelos de consumo idealizados mediante las efectivas técnicas de marketing. Es decir, hay un gran número de personas que consumen sintiéndose especiales y que realmente forman parte de un mismo grupo social, en el que todos los individuos tienen un comportamiento y una cultura similar. Así, hemos llegado a convertirnos en una sociedad materialista, consumista y muy competitiva ¿no existe otra alternativa?

 

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Wilson Villamil Sr Mi vida esta en una constante reconciliación entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la forma y el caos. Por eso al escribir se despliega ante mi un mundo en el cual nada esta perdido.

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Mi vida esta en una constante reconciliación entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la forma y el caos. Por eso al escribir se despliega ante mi un mundo en el cual nada esta perdido.

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