Autora: Alexandra Morado | México

Tu sin mi seguiste siendo tú, pero yo sin ti no volví a ser yo. A toda hora y en todo lugar, con quien sea que me encuentre, te recuerdo.

Y así fue, te fuiste primero y me dejaste con la noche. Solo yo y la oscuridad compartiendo el silencio de tu cuerpo. Cierro con pesadez mis ojos mientras doy un largo suspiro, lo que me incomoda de toda esta situación es ¿Por qué no estoy llorando? ¿Por qué no puedo entender esta aprensión que siento en mi pecho?, duele, pero no es suficiente para que me arrepienta; tu tenías el poder sobre mí y yo no podía permitírtelo.

Sentada en el sucio pavimento, me recuesto al lado tuyo sin atreverme a tocarte; que curioso después de tantas veces que acaricie tu hermosa y envidiable cabellera, después de besar tantas veces tus suaves y delgados labios. Te besaba hasta que se agotaba el aire y me pedias que te dejara respirar por un momento. Ahora solo te contemplo, observo con atención cada detalle de tu cuerpo, me detengo por un buen tiempo en tus manos y recuerdo como las movías de un lado a otro mientras conversábamos, tu decías que yo nunca te ponía atención y era cierto, porque estaba ocupada viendo tus manos, tus manos y tu figura, toda tu eras tan preciosa; a diferencia de mí que usaba lo primero que encontraba, no arreglaba mi cabello ni usaba aretes o cualquier accesorio de chicas, aun así tú estabas conmigo. Me encantaba como la gente criticaba nuestra sencilla relación y nosotras jamás les dimos importancia esos días son simplemente inolvidables.

Esta tarde, apunte a la espalda de un ángel y ventajosamente lo he derribado, jamás me había considerado una cobarde, pero hoy lo fui.

Acostada estoy esperando en silencio casi sin moverme, no sé cuánto tiempo falte, no sé cuántos vendrán, pero tengo miedo, tengo miedo de ti. Aun cuando estas sin vida, haces que haga lo correcto; así que ya hice la llamada que debía hacer, en cualquier momento llegaran. Si puedes escuchar mis pensamientos te pido que me acompañes a donde sea que me lleven, recuerda que le temo a los lugares encerrados y más si los tengo que compartir con gente desconocida que esta igual de loca que yo; después de todo tu eres la culpable de que haya matado.

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