Autor:
Alexandra MoradoMéxico

Yo sin ti sigo siendo yo, tu sin mi sigues siendo tú.  En cualquier hora y en cualquier lugar con quien sea que te encuentres, acuérdate de mí.

Después de contemplar tu bello rostro durante unos minutos, finalmente me decido a hablar

-Veo como el viento se está llevando nuestra historia y hace un remolino con ella hasta destrozarla. ¿Sabes que es lo peor de todo?-  tu mirada llena de frialdad como la de cualquiera que espera escuchar lo peor, me dice que ya lo sabe.

– No estás haciendo nada para evitarlo, hasta parece que eso quieres- me responde con firmeza tu voz, con ese tono tan déspota con el que te conocí y agregas    – ¿desde hace cuánto querías que todo terminara?-

Busco algo con que distraerme, algo que me haga sentir fuera de mi mente y bloquear cualquier sentimiento que muestre mi dolor, pero no veo nada más que mis puños fuertemente cerrados y comprendo que yo aquí perdí. –Desde que tú dejaste de sentirte amada por mí, desde entonces… – contesto con amargura.

Tu expresión se llena de ira, tu respiración aumenta, te das la vuelta y levantas la mano en señal de que vas a golpearme  pero tiemblas y te das un golpe fuerte y preciso en tu rostro, te agachas golpeando el pavimento con tus manos y yo solo te observo con miedo. En un instante me vienen a la mente los recuerdos que me dicen que siempre te he tenido miedo y que quiero dejar de tener miedo a ti y a quien sea, porque siempre he sido yo la débil;  tú la fuerte. Abandone mis fuerzas para resguardarme dentro de ti, contigo, para ti, por ti; quise quedarme ahí hasta que tú me echaras a la calle, a la soledad en la que me encontraste, pero hoy decido irme, hoy regresare al lugar que jure jamás volver.

Con la vista nublada por las lágrimas que amenazan con salir, parpadeo y las libero de mis ojos, finalmente vuelvo a la escena de tu ira y al ver que no dirás nada, digo en voz baja –Cuando le cuente a alguien nuestra historia, solo contare lo maravillosa que fue y la alabare una y otra vez hasta que se aburran de oírla y me pidan que me calle, entonces me olvidare de ti – de pronto desde el suelo donde te encuentras, tomas mis muñecas y me jalas hacia ti, yo caigo de rodillas en el frio pavimento y siento cada vez más fuerte tu agarre, tanto que me cuesta mover las manos, acercas tu rostro hacia el mío y veo tu sonrisa sardónica antes de besarme, el contacto de nuestros labios dura menos de 3 segundos; suficientes para cortar mi alma en  pedazos tan pequeños que jamás podre encontrarlos  para volver a armarla.

– ¡No tienes derecho a contar una historia que no deseaste escribir, que hayas sido participe no te hace protagonista, así que fuera de mi libro! ¡No eres tu quien decide irse, soy yo quien te exige que te vayas!- dices con autoridad, tu mirada comunica aparentemente seguridad, pero yo sé que tu jamás expones tus sentimientos y por esto mismo confirmo mi decisión, no importa si tú dices echarme, yo sé que si quiero quedarme  dejaras que me quede y  si quiero irme, dejaras que me vaya.

Un suspiro de resignación abandona mi cuerpo, me levanto al ver que soltaste mis muñecas, otro minuto más y me  tendrían que haber amputado las manos, dejo la tierra que ha ensuciado mi ropa, podría juntarla y guardarla en un frasco con una etiqueta que diga “recuerdo de la última vez que la vi”, así de patético es mi amor, así de simple soy. Creí que así te gustaba, en fin solo me queda decir – regresa con cuidado, ya casi es de noche así que me iré primero-

Tus ojos grises me contemplan fijamente como muchas veces lo hicieron, solo que esta vez creo que están tristes; nunca lo dije pero eres la chica de ojos tristes que se engaña a si misma diciéndose que no le importa nada, porque le falta  todo; sin embargo me tenías a mí.  Me doy la vuelta con temor y mis piernas flaquean mientras veo como sacas un arma del interior de tu chamarra, de espaldas solo puedo suponer que la apuntas hacia mí, me quedo estática cierro mis ojos y escucho como mi corazón me dice que huya de ahí, que ya sabía que esa cita en ese lugar solo era una trampa para acabar conmigo. Me dijo mil veces que no asistiera, que me había enamorado de una loca, pobre corazón mío no quise decirle que no importaba, yo la amaba, así la amaba. No puedo decir que alcance a escuchar el sonido del cañón, porque ahora no escucho nada, no veo nada, ya no siento nada.

 

IMAGINAERUM c o m p an y

Somos la compañía , de la imaginación

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Instituto de Risoterapia Psicología y Arte Paul Zamora Salgado - Director Servicios: Talleres, Conferencias, Charlas, Formaciones, Team Building, Recreación, Monólogos, Capacitaciones, Sesiones de Risoterapia individuales, pareja y familia. Pioneros de la Risoterapia en Costa Rica. Durante tres años consecutivos el Organizadores del Día Mundial de la Risa en Costa Rica en 2013-2014 -2015 Creadores del Día Mundial de Risoterapeuta a partir del 2016 Galardonado nuestro Director Paul Zamora Salgado como el "RISOTERAPEUTA DEL AÑO 2013" por la RMR sede en España. Pronto a publicar su libro el Método Endorfina nuestro Director Paul Zamora Salgado Creadores de la Red Latinoamericana de Risoterapeutas Paul Zamora Salgado Psicólogo y Risoterapeuta Pioneros de la Risoterapia en Costa Rica Contáctenos:( 506) 2291-8376 o 8705-2236 info@risoterapiacr.com www.risoterapiacr.com

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Servicios: Talleres, Conferencias, Charlas, Formaciones, Team Building, Recreación, Monólogos, Capacitaciones, Sesiones de Risoterapia individuales, pareja y familia. Pioneros de la Risoterapia en Costa Rica. Durante tres años consecutivos el Organizadores del Día Mundial de la Risa en Costa Rica en 2013-2014 -2015 Creadores del Día Mundial de Risoterapeuta a partir del 2016 Galardonado nuestro Director Paul Zamora Salgado como el "RISOTERAPEUTA DEL AÑO 2013" por la RMR sede en España. Pronto a publicar su libro el Método Endorfina nuestro Director Paul Zamora Salgado Creadores de la Red Latinoamericana de Risoterapeutas Paul Zamora Salgado Psicólogo y Risoterapeuta Pioneros de la Risoterapia en Costa Rica Contáctenos:( 506) 2291-8376 o 8705-2236 info@risoterapiacr.com www.risoterapiacr.com

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