Autor:  Antonio Traña Contreras*

En la última década, hemos visto como los Estados latinoamericanos han experimentado una especie de polarización, que sin  pretender exagerar, es propia del contexto de la Guerra Fría, pero dirigida de una forma un tanto distinta.

A finales de los años 90’s, el modelo económico de la derecha latinoamericana había perdido vigencia, pues no logró arrojar los resultados que prometía, además de la enorme corrupción de sus políticos y las profundas heridas sociales que con las armas; hacían ya al modelo acreedor de cambios urgentes.

Es en ese escenario, donde el socialismo del siglo XXI, impulsado por figuras como Nestor Kirchnner, Lula  Da Silva, y el mismo Hugo Chávez, se hace presente para marcar el inicio del cambio político de corte social en la región; un intento más de instaurar un modelo que parece estar condenado al fracaso.

La agresiva política de la rancia izquierda latinoamericana, plagada de populismo, empezó a tener auge en Suramérica; en países como Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay, Chile, Venezuela, Ecuador, Perú etc. donde rápidamente, por lo cortoplacista e instantáneo que proponía logro consolidarse con facilidad, pero en ese sentido, en un principio está bien, así es la democracia.

El problema vino después, cuando las políticas empleadas por los que pasaron a ser regímenes quasi totalitarios, ya habían acabado con el aparato productivo nacional, ya habían desincentivado la inversión extranjera, (así las cosas ya la economía empezaba a dar signos de recesión) y lo que resultó peor, ya habían modificado sus ordenamientos jurídicos para asirse al poder indefinidamente mediante “mecanismos democráticos de re-re elección” (Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Argentina).

Para evidenciar las críticas enumeradas anteriormente, solo basta con mencionar la devaluación del bolívar venezolano, las expropiaciones indiscriminadas por parte del régimen chavista, la re re elección que pretendía Evo Morales y que ahora pretende Daniel Ortega en Nicaragua, la crisis alimentaria que vive Venezuela, el control excesivo de la conversión monetaria. Todo eso aunado a las miserables políticas populistas con que estos regímenes manipulan las necesidades básicas de la población.

Ejemplo de ello, es la no titularidad de viviendas de bien social, con que el régimen chavista amenaza a los pobladores para que voten por ellos de lo contrario, como las viviendas no les pertenecen a título de propiedad, serán desalojados

Las listas negras donde figuran nombres de los que votan por la oposición, entre otras aberraciones en un régimen que se dice Estado de Derecho. Así ocurre en Bolivia y en Nicaragua desde ya hace varios años. ¡Estos regímenes han ocasionado heridas poco menos profundas que las que producen las guerras civiles!

Sin embargo, las cosas están cambiando, América latina está cambiando. Toda esa fantasía del socialismo del siglo XXI, al parecer está llegando a su fin, aunque por increíble que parezca todavía tiene unos cuantos apologistas. Pese a esos defensores, lo cierto es que la región desde la posición ideológica en que se manejaba, está cambiando.

El triunfo de Mauricio Macri en la presidencia Argentina, la aplastante derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias de Venezuela, la negativa de la famosa re- re elección de Evo Morales en Bolivia, y el reciente triunfo de Pedro Pablo Kuczynski en Perú, son solo síntomas de que la región está cambiando. En ese orden de cosas, la pregunta es: ¿Hacia dónde está cambiando? ¿Es un cambio o un regreso al modelo que perdió vigencia en los 90’s? Ojalá no sea peor el remedio que la enfermedad.

Realmente me gustaría poder responder a estas interrogantes, pero por ahora solo sería especular, ya el tiempo se encargará de poner en evidencia los resultados;  lo que si espero es que la nueva derecha que está remontando en la región tenga la responsabilidad suficiente para hacer frente con seriedad y buena fe a las demandas sociales que son innegables a estas alturas del siglo, a ser consciente de la crisis medioambiental en la que nos encontramos y que sea respetuosa del Estado de Derecho como garantía de la democracia.

*Estudiante de Derecho. Universidad de Costa Rica, Sede Guanacaste. 2016.

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Antonio Trana Contreras