Esa es la palabra que buscaba él, para entender lo que ella hacía en ese momento, despecho y locura eran las únicas palabras que pasaban por su cabeza, pero, a decir verdad, él jamás la entendió. Si solo la hubiera escuchado, y notado sus versos entre líneas, habría visto de antemano que no era saludable jugar con ella.

Todo fue normal después de su partida, de su adiós más esperado, pues “eso “, ya no llevaba a ninguna parte. Además, no era la primera vez, que, entre lágrimas, abrazos, y una sonrisa en sus labios, me dijo adiós, como si nunca le hubiera importado. A decir verdad, nunca lo hizo, pero bueno, a veces es mejor fingir.

Ella

No me tomó mucho tiempo buscar un nuevo rumbo, tomé mis cosas, hice notas y comencé a escribir; todo como antes, todo rutinario: me levantaba, comía, me alistaba y me iba a estudiar. Nadie notó nada, y eso era mucho mejor, las preguntas no son buenas en estas etapas. No sé qué fue de él, no me interesaba saber. Comencé a salir más, a leer más, e incluso me propuse a mí misma a publicar, cree un blog, una página, y mande textos a todos los concursos de escritos que aparecían o llegaban a mí. Era mi nuevo camino.

Una manera de sacar todo eso que no sabía explicar en voz alta. En un golpe de suerte, y mis ganas de avanzar, noté que una editora española buscaba reseñadores, me anoté sin pensar, me encantaba hacerlo, ¿Qué es más maravilloso, que leer libros?, y no me vendría mal un poco más de responsabilidad. Era tan estimulante escribir sobre ellos, y a la par escribir mis historias; tantas ideas, tantas palabras nuevas por utilizar, por desmembrar.

Sí, así empecé, desmembrando palabras por palabras todas aquellas historias, que llegaban a mis manos, viendo lo que cada único autor podía expresar. Lo que callaba sus puntos suspensivos, lo que temían por realizar. Era conocerlos a fondo, conocer sus mentes, introducirse lentamente a sus pensamientos.

Hasta que llegó a mí… llegó a mí como un sueño, todo estaba ahí, como hacerlo, como disfrutarlo, palabras por palabras, todo estaba delante de mis ojos.

Así que comencé, me hice amiga de su amigo, de la forma más rara posible, le mostré quien era en verdad, lo cual, fue sorprendente porque seguimos siendo amigos. Si esto llega a tus manos, gracias por estar ahí, y no dejar que te trague un remolino.

Me dio sus movimientos, sus horarios, sus maniobras, lo que me faltaba conocer de él. Yo, por mi parte le conté lo que ya sabía, su manera de ser, sus miedos, sus fantasías, sus fetiches. Entre lo que él sabía y lo que yo sabía, armé el perfil, un perfil perfecto de la típica serie que me gusta. Y lo comencé a redactar. Sí, eso hago ahora, lo redacto. Puesto es verídico, y es más, lo pueden comprobar.

Pasaron años, pero se concretó, “la suerte me acompaña” y eso, es bueno en estos casos; debido a mi curiosidad, que para mucho es buena, no creo que a él le haya gustado. Pero bueno, esa es otra historia.

Fuimos al mismo lugar donde todo empezó, tres árboles marcaban la unión perfecta, y cada detalle estaba en mi cabeza; le sonreí como si nunca hubiera llorado por él, me sonrío como si me hubiera amado alguna vez.

Hablamos, le comenté lo que había soñado, se sonrojó; era de esperarse, una está acostumbrada a estas cosas, fingimos que todo está bien, y lo estaba hasta que me beso. Me descarrilé, me puse a llorar, no sabía porque me abrazo, tan típico de él. Lo abracé, volver a sentirlo fue cruel; entonces no supe qué paso. Mi mente se apagó.

Él

Nos encontramos en el mismo lugar donde la conocí, donde le regalé un pin.  Me sonrío, se veía distinta, más madura. Todo iba bien, nos estábamos divirtiendo, me contó lo que estaba haciendo, sus logros, en sí sentí algo de envidia, pero bueno, me alegraba en partes por ella, no sé si alguna vez realmente la quise, pero conocerla valió la pena.

Así que simplemente me dejé llevar y la besé.

No entendí porque se largó a llorar, ¿tanto drama por un beso?, la abracé, ¿sentirla?, no, no había nada que sentir, estaba fría, la separé de mí, y miré sus mejillas, no había color. Creía que estaba muerta, podría estarlo por la temperatura de su cuerpo, pero respiraba. Entonces lo vi. Sus ojos… sus ojos perdieron la luz.

Ella

Ya no pasaba nada por su cabeza, ya no había nada que salvar. Lo golpeó con fiereza sobre el banco de cemento, con tal fuerza que lo hizo desmayar. Lo tenía todo planeado, encontró unas cuerdas viejas, de esas que usan las niñas para saltar, le ató las manos, y lo colgó de los brazos a las ramas de un árbol. Era raro que nadie hubiera visto nada, es un parque muy transcurrido, pero así fue.  Al parecer, a ella ya nada le preocupaba, seguía demasiada ocupada midiendo la altura perfecta en la que quedaría suspendido el cuerpo de ese chico que tanto daño le había traído a su existencia.

Por fin después de terminada su labor le dijo:

─ ¡Nunca más! ─profirió con sórdida voz ─Nunca más…, ya puedes gritar, llorar, arrepentirte y maldecir todo lo que quieras, pero, aunque si tal vez alguien viniese ─dijo dibujando una enigmática sonrisa en su pálido rostro ─No esperes que sea la ayuda que esperas.  ¿Sabes amor? ─prosiguió, al tiempo que ejercía más presión aún a las cuerdas ─Ellas cuando acuden parecen dulces, pero no, no te confundas, ellas tan solo acuden cuando huelen la sangre.

Dicho aquello, inesperadamente comenzó a cortarle, sí, comenzó a cortarle la piel en pedazos, y pensar que lo que desmembraba, eran las palabras; una y otra vez le hacía cortes, mientras él chillaba ahogado de dolor. Pero ella sin inmutarse, continuó su labor, resollaba con exasperación, parecía buscar algo que, al parecer, no podía encontrar.

Frustrada ante aquello, se volvió airada, le miró sin emoción alguna, y simplemente le preguntó:

─ ¿Dónde está?

Él, desconcertado, transido de dolor, lentamente levantó los ojos, y escupió las palabras al decir.

─ ¡Estás loca!… ¿Es que no te das cuenta de lo que haces?… ¿Es que acaso no tienes corazón?

Ella entonces, le miró a los ojos dejando escapar la locura que tanto tiempo llevaba atrapada dentro.

─No, ya no lo tengo ─dijo malévola, llevando sus manos ensangrentadas al pecho ─Te lo di… ¿Lo recuerdas?… ¡Entrégamelo!… ¿Dónde, dónde está?

─ ¡Estás loca, no sé de qué me hablas!

─ ¿No, no lo sabe?… ¿¡No sabes dónde lo pusiste!?… ¿No sabes dónde está? ─él, tan solo respondía con sollozos, mientras ella le sacudía el cuerpo, pendido en el aire ─No, no te preocupes amor, tengo un regalo para ti.

Dijo al tiempo que se alejaba unos pasos, luego regresó trayendo consigo unas cuantas bellotas. Y ante sus asombrados ojos las trituró con sus propias manos, cuyo polvo, puso poco a poco en cada corte de su piel.

─No hagas escándalo, o vendrán aún más rápido ─dijo señalando a ninguna parte ─Aunque no creo que tarden mucho ─ agregó sórdida, al tiempo que se alejaba ─En algún lugar leí que pueden percibir el olor a sangre a kilómetros de donde se encuentren.

Y mientras se alejaba la figura en la bruma de quien alguna vez llamó «Lo mejor que me pasó en la vida», sentía que, algo se aproximaba hacia él, algo al cual sin saber porque, le producía un temor visceral, estaba allí, avanzaba por entre las ramas de aquel trio de árboles, de unión perfecta.

 

Karen ( Yuuki ) Pared

Corrientes Argentina

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